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El viaje y la renuncia

Written by | 04/08/2014 | Comentarios desactivados en El viaje y la renuncia
Recordaba con genial sorna Gómez Dávila que las catedrales no fueron construidas para fomentar el turismo. Que una observación así pueda perder la ironía para convertirse en didáctica nos hace temer una profunda ignorancia de todo lo referido a nuestra tradición. No vamos descaminados: hablar hoy de dioses remite a un vago y neblinoso territorio situado junto a dragones, elfos y vampiros con acné. Antes los ilustrados negaban el mito. Ahora, sencillamente, todo se confunde con todo. La orfandad de trascendencia que caracteriza a nuestros días ha sido sustituida por lo que le quedaba más a mano: la experiencia. Nos urge la necesidad de espacio y de tiempo. De ahí la cantinela del ser uno mismo, que con rictus de selfie, promueve un «yo estuve ahí» planetario de mecánica ansiosa.

Crítica: ‘Siguiendo mi camino’, de Mauricio Wiesenthal: otra lección de vida del maestro

Written by | 25/04/2013 | 1
Divertido, cosmopolita, lúcido, wildeano, tierno, exuberante y de erudición portentosa. Cualquiera que haya tenido la suerte de leer a Mauricio Wiesenthal sabe de lo que estamos hablando: de una de los mejores plumas de nuestra lengua, allá las listas de venta, cuya voluptuosidad narrativa, casi mística a los ojos, es capaz de devolver la vida al barro de los siglos. Y luego echarlo a andar. En Siguiendo mi camino, la semilla de la letra nace, como en los romances antiguos, de la voz. Así, Wiesenthal echa la vista atrás y nos cuenta las melodías que marcaron su vida: del bolero al tango, de Sinatra a Elvis, de la corte al pueblo. A cada capítulo, una canción. Y en cada una de ellas, una historia diferente que contar, siempre bajo la pátina azafranada de la melancolía que distingue

El dandy como actitud ética

Written by | 18/01/2013 | 1
Como tantas otras mercancías, el dandy es hijo de su tiempo, es decir, del capitalismo industrial. Ya se sabe, la Historia es plato de digestiones pesadas y propensas al reflujo. Así, tras los trasquilones dejados por la guillotina, el Romanticismo vino a rebotar contra la pared de los valores ilustrados. Es, precisamente, tras la caída de Napoleón cuando arranca la época dorada del dandismo, que recorre el siglo XIX desde 1814 hasta 1870, con la irrupción de la Guerra Franco-Prusiana. Término en absoluto estático, como ideal presto a corte y confección, el dandy se asoció a todo tipo de etiquetas: estetas, decadentes, bohemios, flâneurs, y posteriormente, al nuevo reflujo, más bien ácido, que dejarían las vanguardias de entreguerras. Oscar Wilde Si la Ilustración tomaba