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Tag Archives: Libros

Cartografía del laberinto femenino

Written by | 29/11/2009 | Comentarios desactivados en Cartografía del laberinto femenino
Sorprende encontrar un libro como el de Laila Escartín. La portada, en la que se adivina una mujer desnuda tumbada sobre sábanas blancas, ya anticipa la confesión. Sin embargo, la mujer oculta su rostro entre el pelo y los brazos extendidos. Las sábanas envuelven el espacio en la fotografía como una mortaja, como si la portada manifestase sin palabras que el lector va a destapar, al abrir el libro, un cadáver embalsamado, detenido en la eternidad en tipografía de imprenta, pero muerto. Y aunque la apreciación sea posterior a la lectura del libro y ayude a anudar los flecos del tapiz, así es. Primer volumen de la trilogía Cartas a Verónica, Desvío retrata con crudeza visceral el largo proceso emocional de separación de una mujer del entorno que la rodea. En la superficie,

Lecturas agridulces

Written by | 08/10/2007 | Comentarios desactivados en Lecturas agridulces
En estas últimas semanas he leído algunos libros de los que gustaría hacer una breve mención y algún comentario. Empezaré por el más alejado en el tiempo de cuantos enumeraré aquí: Libro de réquiems, de Mauricio Wiesenthal (Editorial Edhasa). Podría calificar este libro como prodigioso sin temor a que se me empiecen a rasgar la camisa los pocos que vayan a leer esto. En los tiempos en los que vivimos es de agradecer obras como ésta, de tanta ambición. Cuesta una vida entera escribir el libro que nos ha legado Wiesenthal, evocador, soñador, elegante, poético, melancólico, nostálgico de otros tiempos, de las horas y los siglos que fueron testigos de las vidas de artistas, tanto grandes como anónimos, y de sus muertes, que el autor retrata como si tañese las cuerdas de un arpa

Cuentas pendientes con los clásicos

Written by | 15/02/2007 | Comentarios desactivados en Cuentas pendientes con los clásicos
De un tiempo a esta parte parezco no poder tolerar a los clásicos. Hablo de clásicos de la literatura, claro. Lo he intentado con denuedo, pero siento como si las páginas de esos libros pesaran más que otras, como si estuvieran fabricadas de un material más denso que hiciera fatigoso el hojeo. He de reconocer que esto es la primera vez que me ocurre, sin tener en cuenta aquellas lecturas obligatorias del instituto, y que me produce gran desasosiego. Me considero uno de ésos que sostienen que la literatura, como el resto de artes, no es entretenimiento, sino que debe ser sublime y magnífico, y por esto tiene que deleitar. Si la lectura no hace gozar a los sentidos, si no evoca, si no busca la verdad, la bondad y la belleza, y, sobre todo, aquello que contiene todo lo anterior, si no

El malabarista con el monociclo sobre la cuerda floja

Written by | 13/02/2007 | Comentarios desactivados en El malabarista con el monociclo sobre la cuerda floja
Cuando uno escribe es como si se viera recorriendo un sendero pedregoso, serpenteado y angosto, limitado a los lados por dos líneas sombreadas difusamente marcadas sobre el terreno que amenazan con cubrir el camino por completo. En un lateral está la sombra de la grandilocuencia, en el otro la de la cursilería. Esto también me recuerda a menudo la imagen del malabarista con el monociclo sobre la cuerda floja. Cuesta mucho mantenerse en el centro del camino sin tocar las sombras, por eso en ocasiones uno se descuida y toma rectas algunas curvas. Artículos relacionadosPresentación de Muertes paralelas (y II)La Unidad hereje de Leonardo frente a la Trinidad católicaCartografía del laberinto femenino

El estilo azoriniano

Written by | 15/12/2006 | Comentarios desactivados en El estilo azoriniano
Leo en Castilla, de Azorín: «El mar se halla frente a nosotros; no lo vemos apenas; sabemos que aquí, a nuestros pies, en lo hondo de este acantilado, comienza la extensión infinita. Pero percibimos el rumor ronco, incesante, de las olas que se estrellan contra las peñas. En la negrura del firmamento brillan luceros. Pasarán siglos, pasarán centenares de siglos: estas estrellas enviarán sus parpadeos de luz a la tierra; estas aguas mugidoras chocarán espumajeantes en las rocas: la noche pondrá su oscuridad en el mar, en el cielo, en la tierra. Y otro hombre, en la sucesión perenne del tiempo, escuchará absorto, como nosotros ahora, el rumor de las olas y contemplará las luminarias eternas de los cielos». Inmediatamente, he saltado del sofá, asombrado por la causualidad, y he

Crónica de un domingo estival para honrar a los muertos

Written by | 11/09/2006 | Comentarios desactivados en Crónica de un domingo estival para honrar a los muertos
Como lo prometido es deuda para los que prometemos demasiado, he aquí mi particular versión de los hechos que acontecieron aquel día de gracia del 3 de septiembre de 2006, en el ocaso de un domingo estival que sirvió para honrar a los muertos. A eso de las 19:45h., cuando me dirigía a la Plaza de Juan Pujol por la calle aledaña de Espíritu Santo, recibí una llamada de Félix Arellano: «Estamos con Fernando en el bar de la esquina de la plaza, pásate por aquí», me dijo. Y dicho y hecho, en cinco minutos me encontraba ya, casi sin resuello por la ola de calor africano que atravesábamos, en el bar de la esquina. Saludé a Félix Arellano y a Dragó, que me mostraba orgulloso la placa de la Plaza de Fernando Sánchez Monreal, su padre, eminente periodista en ciernes asesinado injustamente

Convocatoria para un acto poético de justicia familiar, personal e histórica

Written by | 31/08/2006 | Comentarios desactivados en Convocatoria para un acto poético de justicia familiar, personal e histórica
Esto es un llamamiento que nos hace Dragó: «Queridos amigos: Os comunico que el domingo, 3 de septiembre, a las 19:30h. de la tarde en la Plaza de Juan Pujol, en Madrid (sita en la calle Espíritu Santo, a media altura, la del restaurante vegetariano, de ellas salen las calles del Tesoro, Marqués de Santa Ana y San Andrés), oficiaré, al aire libre, acompañado por mis gentes, de maestro de ceremonias en un acto poético de justicia familiar, personal e histórica, y de reconciliación entre todas las Españas y todos los españoles. No puedo revelar, hasta que se produzca, la naturaleza de este acto, que lo será de noble e imaginativa transgresión. Si venís, entenderéis el porqué de tanto misterio. Me gustaría que asistierais. Un saludo a todos. Fernando Sánchez Dragó 30

El Aleph, de Jorge Luis Borges

Written by | 03/08/2006 | Comentarios desactivados en El Aleph, de Jorge Luis Borges
Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo

Llámame Judas, de Guillermo Galván

Written by | 12/07/2006 | Comentarios desactivados en Llámame Judas, de Guillermo Galván
«Con la frase Dama de Picas ha salido de la sala, la pantalla me entregó algo parecido a la soledad. A una repentina y atónita soledad. A una especie de convicción de que el presente se teje a menudo con hebras que dejó sueltas el pasado, quién sabe si por desgaste o por simple capricho del azar.» (Guillermo Galván, Llámame Judas, Edaf, Madrid, 2006) Artículos relacionadosEl dulce bálsamo de la literatura y sus inescrutables caminosPozoblanco, Tuéjar y Oleiros, galardonados con el premio Animación a la Lectura María MolinerLa esencia de la buena nueva

Los caballeros del punto fijo, de Andrés Trapiello

Written by | 04/07/2006 | Comentarios desactivados en Los caballeros del punto fijo, de Andrés Trapiello
«A veces, sentado en un lugar, ideo y sueño un asunto, pero puesto en el trance de levantarme y ponerlo por escrito, me paralizo y dejo que se disuelva en el éter de donde vino, pues saber que nada de todo cuanto vivía en mí de una forma pura y feliz va a poder vivir luego de modo natural, me desilusiona y entristece.» (Andrés Trapiello, Los caballeros del punto fijo, Salón de pasos perdidos 5, Pre-Textos, Valencia, 1996) Artículos relacionadosTroppo vero, de Andrés TrapielloConvocatoria para un acto poético de justicia familiar, personal e históricaLecturas agridulces