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‘Te quiero porque me das de comer’, de David Llorente: las voces de los ecos

Written by | 07 September 2014 | Comments Off

Te quiero porque me das de comer de David Llorente las voces de los ecos

La quinta novela de David Llorente, Te quiero porque me das de comer, es fruto del arte novelístico conseguido después de mucha lectura, mucha escritura y mucho trabajo. Dicen que son necesarios diez años para cuajar un talento en algo. Ya han pasado algunos más desde que David Llorente ganó el Umbral de novela corta con su primera novela, Kira. Cualquier reseñista especializado, o cualquier profe con jerga, diría que David ya tiene una voz. Con esto significamos que la lengua que utiliza David, bien mancomunado de todos los que hablamos español, se timbra o se llena de resonancias únicas, individuales. Evidentemente es una exageración planteado en estos términos, porque somos frutos de una tradición, de unas maneras narrativas. El peligro es que, a veces, también podemos ser víctimas de eso. En cualquier caso, David es muy consciente de sus abrevaderos: Cela, Márquez y los narradores con «voz» como Luis Martín Santos, a los que sólo debe su apadrinamiento, nada más, porque ha sabido muy bien perfilar su voz y no ser víctima de las grandes «voces», que imitadas son ecos.

En esta novela David Llorente galopa en prosa la historia del siniestro Max Luminaria, un médico de Carabanchel cuya desastrosa historia familiar y afectiva, y su talento para la medicina, le lleva a cometer crímenes hasta hacer del asesinato un arte y del no ser descubierto, un reto. Mimbres muy reconocibles, historia muy transitada, lo que dificulta aun más que la novela tenga consistencia y permita explorar nuevas posibilidades Sobre este hilo que cose toda la historia, David va metiendo y sacando personajes configurados respecto a un territorio, Carabanchel, barrio al margen de una gran ciudad. El espacio da la solidez narrativa a una historia que, de otro manera, se deshilacharía; el espacio también le da el marco y, por supuesto, una atmósfera de un espesor realista. El crimen, la periferia y lo negro pueden hacer pesante la historia o convencional, pero David la hace galopar en una prosa envenenada, una prosa que cautiva, de la que no te puedes despegar porque está inyectada con mucha inteligencia y talento. Y hablo de la prosa, no de la historia, hablo del arte narrativo y no de la trama. Tejer una prosa artística que vuele (no por la rapidez, sino porque se levante poéticamente, aunque sea una poesía de lo maldito o de lo sucio) tiene mucho mérito en un contexto cultural que sobrevalora la trama por encima de cualquier otro aspecto literario. «Cementerio de Carabanchel: ya da igual el nombre y la edad de la víctima: todas fueron idénticas en el miedo y el frío: en la sorpresa de la muerte y en esa imposibilidad de sujetarse el alma con las manos.»

Te quiero porque me das de comer de David Llorente las voces de los ecosLa acumulación de crueldades, la falta de esperanza, o mejor, el cultivo de la desesperanza, y el pesimismo da a la historia ciertos perfiles tremendistas muy emparentados con Cela. No resulta del todo atenazante esa acumulación tremenda porque una cierta ironía despega lo negro, y un arranque literario libera la angustia. De otro modo, ese tráfico de crímenes y ese ajetreo de crueldad a veces gratuita sintonizaría con una posmodernidad que teje un discurso muy líquido del «todo vale» («limbo de las equivalencias», dice Marina) que viene muy bien a un sistema, por cierto, cuyos defensores se benefician de una visión muy pesimista y reducida del ser humano. No parece el caso. David sabe bordear esos precipicios con inteligencia. En el fondo, la inteligencia no se ve evitando problemas, sino afrontándolos con una solución conveniente que salvaguarde la ética y la estética. Y es que, me parece a mí, mucho se habla de estética, de técnica narrativa, de trama y muy poco de ética; los gurús del pensamiento estético han sabido muy bien y muy interesadamente hacer antiguo, de otra época, este aspecto del arte y la literatura tan irrenunciable.

La novela es un saco en el que cabe todo, decía Baroja, y David demuestra que todo puede ser materia novelable; cualquier discurso forjado en la sociedad, cualquier palabra por residual que sea, tiene cabida y brillo en la novela. A la literatura nada de la lengua le es ajeno, y menos la palabra. A la literatura nada de lo humano le es ajeno, tampoco el hombre. Parece que hay literatura y luego, aparte, hay lengua, pero ambas tienen que fundirse y retroalimentarse para crear lenguaje, tejido comunicativo y de conocimiento, armamento que abra nuevas posibilidades. Así la literatura recupera cierta función social y de conocimiento olvidadas, reemplazada por la del mero entretenimiento bovino.

Entretenimiento, arte narrativo, lenguaje, prosa, ritmo, inteligencia acontecen en Te quiero porque me das de comer, del novelista David Llorente, que también cultiva el género dramático, cuya riqueza pudiera alumbrar una nueva novela que explore ese mundo y sus formas. Nuevos retos para un autor con voz propia, distinguible, como quería Machado, de los ecos: «A distinguir me paro las voces de los ecos…»

José Aurelio Martín Rodríguez

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